Criaturas de la noche


Criatura | Imagen por Amaury Picazo para esta historia
Criatura | Imagen por Amaury Picazo para esta historia

Solía conducir por el desierto en mi tiempo libre, la verdad me fascinaba la tranquilidad con la que podía estar ahí, sin problema alguno. Pero aquel día… El día que decidí hacer mi frecuente paseo, todo me resultó absolutamente al revés.

Para empezar, temprano por la mañana ya habían comenzado a salir mal los planes. Mi despertador se quedó sin batería, lo que me hizo levantarme 30 minutos tarde y poco tiempo después, justo en medio de una ducha rápida, el agua se volvió fría como un tímpano de hielo.

Pero todo pareció mejorar un poco, cuando al salir de casa me topé de frente con mi vecino, un hombre bastante activo. Chocamos al salir de nuestros respectivos departamentos y me sonrió. Creí que mi día comenzaría a mejorar un poco. ¡Qué equivocada estaba!

Al llegar al trabajo, mi jefe estaba de mal humor y la única forma de sentirse mejor es haciendo mi vida imposible. Lidié con sus regaños todo el día.

Después de un día mega estresante, el único consuelo que me quedaba era que podría pasar todo el fin de semana en el hermoso y tranquilo desierto. Sin culpas y con toda la prisa del mundo conduje hasta mi carretera favorita.

El viento en mi cara, la calidez del desierto y el sonido del motor del auto, me hacían sentir como en un spa. El sol comenzaba a descender frente a mí, indicando que la noche estaba por llegar.

¿Mi plan? conducir hasta el siguiente pueblo que no estaba a más de unos 40 minutos de distancia, pasar la noche allí y regresar a la mañana siguiente.

Pero, de pronto, la música en la radio comenzó a distorsionarse. No me pareció raro, la señal podía fallar a lo largo del desierto. Miré el reloj que marcaba las 09:54 pm, buen tiempo, creía yo, pero el clima comenzó a enfriarse demasiado y muy rápido.

Kilómetros más adelante, y sé que fue así por los señalamientos de la carretera, comencé a sentir un sueño bastante pesado. Necesitaba dormir urgentemente, miré de nuevo el reloj, no debería faltar mucho para llegar. 09:54 pm miré en la pantalla. Estaba confundida, miré mi teléfono, marcaba la misma hora.

El cansancio estaba ganándome y creí que tal vez el sueño me estaba jugando malas pasadas y por eso el desfase del tiempo. Me detuve a un costado de la carretera, no había más autos y la oscuridad era tan densa que los faros apenas me dejaban ver unos metros delante del coche. El frío se apoderó del lugar y de mí.

Con tanta tranquilidad alrededor lograría dormir un poco antes de retomar el camino. Salí del coche y me subí de nuevo en la parte trasera, dejé encendida la calefacción y me dormí.

Tiempo después, lo que a mí me parecieron horas, un estruendo me despertó, me sentía relajada pero esa sensación me duró muy poco. Miré el reloj del auto; 09:54 pm. Fue ahí cuando mi cerebro hizo clic y empecé a intuir que algo raro estaba pasando. Regresé al asiento del piloto sin salir del coche y entonces escuché un ruido, una especie de zumbido combinado con un leve rugido.

Criatura de la película "El descenso" que inspiro esta historia
Criatura de la película "El descenso" que inspiro esta historia

Encendí las luces del auto y no pude evitar gritar. Una criatura horrible estaba encima del auto, iba encorvada y caminaba a cuatro patas, pero de una manera extraña, no tenía nada de pelo, su piel tenía un aspecto áspero y seco. Sus ojos eran unos simples círculos negros con un pequeño aro amarillo alrededor, no tenía dientes y parecía que sonreía.

Otra criatura igual pasó justo por detrás de esta con algo en sus patas. Parecía el cuerpo de algún animal a la mitad y su boca estaba llena de sangre. El que estaba sobre el auto me miraba atentamente, me analizaba.

Me era imposible normalizar mi respiración, mi corazón latía con fuerza. ¿Qué eran estas cosas? Definitivamente no me quedaría a averiguarlo, giré la llave pero el auto no encendió.

Mi intento de huida molestó a lo que sea que estaba fuera porque emitieron un sonido extraño, espeluznante, penetrante y se acercaron al parabrisas golpeando el vidrio. Pronto me encontré rodeada de estas criaturas.

Grité, pero eso parecía alentarlos más, uno de ellos logró hacer una grieta en el parabrisas y entré en pánico. Sabía que pronto estarían haciéndome compañía dentro del auto, tomé mi celular pero no había señal, como pude me pasé al asiento trasero. Un chasquido me avisó que las criaturas estaban por atravesar el vidrio.

Moví uno de los asientos del auto, este me daba acceso a la cajuela desde dentro. Me metí y jalé con fuerza para volver a cerrar la entrada. Ahí dentro el ruido que hacían esas cosas se hacía cada vez más espeluznante y de pronto, después de una pequeña explosión supe que habían entrado.

Sabía que moriría en medio del desierto, justo esa noche. No había más autos, no había señal ni nadie a kilómetros de mi ubicación. Las criaturas rasguñaban los asientos tratando de alcanzarme y mi miedo se hacía más grande con cada segundo.

Abrí mis ojos, me había quedado dormida sin darme cuenta, estaba encogida en la cajuela todavía. Me quedé quieta unos minutos para corroborar el sonido de afuera. Miré mi teléfono y como si fuera una burla, aún marcaba las 09:54 pm.

No había manera de saber la hora sin salir del auto. El silencio se hizo presente, al parecer esas cosas se habían rendido y se alejaron. ¿Pero, cómo saber?

Con mucho cuidado y lo más silenciosamente posible, abrí la cajuela y salí despacio. Todo estaba en calma y en solitario. Corrí al destruido asiento del piloto e intenté encender el auto de nuevo. No funcionó.

A lo lejos escuché de nuevo esos zumbidos y estaban acompañados de unos gritos que inconfundiblemente eran personas sufriendo. Sabía que tenía que escapar, sabía que volverían por mí.

Salí del auto y corrí, no por la carretera sino por un costado, justo por el medio del desierto. Tal vez no era buena idea, si lograba escapar estaría perdida en medio del desierto, pero no me importó. Lo único que quería era alejarme de la carretera.

Escuché los rugidos y luego el sonido de sus patas al correr, venían por mí, descubrieron que ya no estaba en el auto y ahora estaban molestos. Corrí más rápido pero luego sentí un peso sobre mí y caí al suelo. Grité con todas mis fuerzas y con mis manos evité que esa cosa pusiera su fea boca sobre mí. Logré darle una patada y lo alejé.

Me levanté rápidamente y seguí corriendo, un poco más adelante alcancé a divisar unas luces. Apresuré el paso y logré llegar a una especie de villa, solo tres casas tenían alguna luz encendida. Toqué insistentemente en la primera que ví.

-¡Ayúdenme por favor! ¡Abran! - grité fuertemente y la puerta se abrió de golpe. Alguien me jaló tan fuerte hacia dentro que caí al suelo, me giré y había un hombre mayor frente a mí.

-No deberías estar afuera señorita - dijo él como si fuera lo más normal del mundo.

-¿Qué son esas cosas? - pregunté agitada. El hombre me ayudó a incorporarme y me tendió una manta. No había notado el frío que sentía hasta que me envolví en la cobija.

-No tienen nombre, al menos no uno científico, aquí les llamamos demonios, solo salen de noche. Nadie debe estar afuera cuando oscurece - explicó.

-¿Qué hay de los relojes? - pregunté más tranquila. El hombre me ofreció una taza de té caliente y lo tomé con ansias.

-Eso nadie lo entiende, se detienen cuando ellos aparecen. Es como una vibra espeluznante que hace que el mundo pierda interés en continuar. Deben ser como las cinco, no tardará mucho en salir el sol.

El hombre tenía razón, pues en mi teléfono ya se veía la hora; 05:56 am.

-¿Hay alguna forma de volver? mi auto no enciende y está destruido - pregunté.

-No te preocupes por eso, por la mañana todo volverá a la normalidad, tu auto estará intacto, esas criaturas controlan todo. Si te hubieran alcanzado, al salir el sol, simplemente te habrías esfumado, no quedaría rastro de ti. - el hombre se quedó mirando fijamente por la ventana - mañana te llevaré hasta tu auto y podrás volver a casa, te recomiendo que no regreses cuando oscurezca.

No se preocupé, pensé, no volveré a ninguna hora.

El resto del tiempo me mantuve cerca de la chimenea. No fue hasta que el sol estaba bien alto en el cielo que el hombre me llevó en su camioneta hasta mi auto.

Estaba intacto, el vidrio del parabrisas ya no estaba destrozado, los asientos parecían nuevos pero la puerta de la cajuela estaba abierta justo como yo la dejé la noche anterior.

Me subí y el auto encendió perfectamente, agradecí a ese buen hombre y tomé el camino de regreso a casa inmediatamente.

Llegué a casa bastante exhausta, sucia, tensa y todavía con el corazón a mil por hora. Aún no me creía que todo hubiera pasado, me di una ducha y esta vez, agradecí que el agua estuviera fría, eso suavizó mis músculos.

Tiempo después, toda esta experiencia me había cambiado, ahora veía las cosas malas de la vida como algo gracioso de vivir. Cada vez que me levantaba tarde, sonreía, porque significaba que tenía un sueño que no quería dejar.

Eventualmente la herida que esa criatura me había causado cuando me alcanzó, sanó, y ahora solo era una cicatriz que me recordaba aquella noche. Aún conducía por el desierto, pero me aseguraba de volver con luz de día a casa.

Por la noche, cuando no podía dormir, lograba escuchar esos chillidos que tanto me atormentaron esa noche. Pero mi temor más grande fue, cuando al verme al espejo, noté que ahora yo… era una de ellos.

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