2 de octubre: ¡No se olvida!


Han pasado 54 años de la masacre que paralizó a todo México, donde policías y militares dispararon contra una multitud pacífica, en su mayoría compuesta por estudiantes, que hacían una manifestación en Tlatelolco, en la Plaza Tres Culturas.

Actualmente sigue vigente el resentimiento por aquellos que fueron perseguidos hasta la muerte, hoy los que se dicen sobrevivientes todavía lloran y exigen el respeto a la libertad de expresión y justicia por la sangre inocente que se sigue derramando.


Movimiento 1968

Fue un movimiento social en el que participaron varios estudiantes de distintas universidades entre las que figuran la Universidad Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN), el Colegio de México, la Universidad Iberoamericana, entre otras.

También se sumaron intelectuales de la época, amas de casa, obreros, profesores, comerciantes y profesionales.

Buscaban un cambio democrático en el país, mayores libertades políticas y civiles, menor desigualdad y la salida del gobierno del Partido Revolucionario Institucional, al que se le consideraba como autoritario.


Antecedentes

22 de julio. Estudiantes del IPN y de la preparatoria Isaac Ochoterena, se enfrentan a dos grupos porriles que los instigaban, estos grupos se hacían llamar “Los Ciudadelos” y “Los Arañas”. Los granaderos también intervinieron dejando heridos a varios estudiantes.

Desigualdad y falta de representación. Ante la difícil crisis por la que el país atravesaba, el gobierno se volvió autoritario y desapegado de los derechos constitucionales, las clases bajas eran víctimas de las fuerzas de seguridad y los estudiantes de clase media carecían de un representante que los escuchara.

Contexto internacional. Alrededor del mundo, varios estudiantes encabezan movilizaciones con diversos objetivos, como el fin de la Guerra de Vietnam en los Estados Unidos o un socialismo con “rostro humano” en Checoslovaquia.

La revolución cubana. Encabezada por Fidel Castro, fue un movimiento inspirador para los jóvenes a seguir firmes con “la lucha”.


La tragedia

México sería sede de los juegos olímpicos aquel año, por lo que se creó el “Batallón Olimpia”, cuyo objetivo era resguardar la seguridad durante el periodo de las competencias.

El 2 de octubre de 1968 en la plaza tres culturas, punto de reunión de los manifestantes y después de una marcha pacífica, se daban instrucciones finales; cuando se disponían a retirarse a sus casas, ocurrió la masacre.

Francotiradores del Batallón Olimpia abrieron fuego contra los miles de manifestantes, en un principio el gobierno difundió que había alrededor de 30 muertos, días después se demostró que las muertes rebasaban los 300, entre ellos se cuentan vecinos que brindaron refugio a los manifestantes, a esto se suman más de 1200 detenciones.


Consecuencias del movimiento

Transformación. El gobierno mexicano recibió el repudio de la sociedad ante la falta de interés por los afectados y sus familias, esta desaprobación crece con la salida de Díaz Ordáz como presidente, dejando en su lugar a Luis Echeverría, a quienes hasta la fecha son señalados como verdaderos responsables.

Críticas y transformación. Desde su nombramiento, los estudiantes cuestionaron duramente al entonces presidente, Luis Echeverría. La violencia y la represión por parte del Estado, hicieron movilizar a la sociedad en reclamo de una serie de transformaciones.


La sangre sigue corriendo

A más de cincuenta años del terrible acontecimiento y pese a los reclamos de una sociedad inconforme que sigue exigiendo justicia, no ha habido quienes se hagan responsables de la masacre que dejó heridas abiertas y miles de preguntas sin respuesta.

México es un país libre, soberano, fértil, culturalmente diverso, artístico y dueño de grandes riquezas naturales, no obstante, la desigualdad social, la corrupción, la negligencia y la falta de sentido común, nos hace ver como una sociedad hostil y carente de valores.

Han pasado más de cincuenta años de la masacre, y todavía vivimos en una nación “libre” donde la libertad es amenazada, silenciada, torturada, secuestrada y asesinada. La sangre, sigue corriendo.

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