El olvido…


Londres 1900

Muchas veces se había preguntado qué hizo mal para terminar en ese vacío, cómo era que cada uno de sus esfuerzos valían poco para las personas más cercanas.


Santiago fue uno de los bailarines más famosos en la ciudad, emigró de su pequeño pueblo, el cual se encontraba a las afueras de la gran ciudad de Londres, era una pequeña región donde habitan muy pocas familias, algunas actividades agrícolas no eran suficiente para solventar las familias, por ello, él decidió tomar un nuevo rumbo para resolver su situación económica.


Un día mientras pescaba, decidió juguetear un poco sobre la punta de la canoa, se tambaleaba de un lado para otro, aún sin caer, se mantuvo en total equilibrio y al final atrapó un gran pez y partió a casa.


Al llegar, dejó éste sobre la mesa y llamó a su esposa para contarle su nueva hazaña, dando pauta a confesar que era necesario irse a la ciudad para buscar trabajo, aunque ella no estaba de acuerdo porque sus hijos aún eran pequeños y no quería quedarse sola, él explicó a detalle los posibles beneficios que obtendrían.


El viernes por la mañana salió con una pequeña maleta en mano y tomó camino hacia la carretera principal, carros y camiones pasaban a su costado, una que otra vez pedía que lo llevaran, pero al parecer nadie confiaba mucho en aquel hombre solitario a la orilla de la pista.


Después de un largo trayecto y por fin entrar a la gran ciudad, comenzó la búsqueda de trabajo, quería que la remuneración fuera suficiente como para regresar a su hogar un domingo por la noche, pagar ese boleto y llegar con una buena cantidad de sobra a casa.


El primer intento fallido fue en un restaurante, trabajó una noche, pero no había dado lo mejor de sí, mientras lavaba algunos platos, dos resbalaron del lavavajillas y se quebraron, así que el poco sueldo que le pagarían se había ido por la borda con esos percances.


Después, fue empleado en una tintorería, en las dos primeras horas todo estaba bien, había aprendido rápido, pero no tenía ni idea a qué cliente pertenecía cada una, así que los trajes fueron a parar con una dama y los vestidos con un caballero, ambos se quejaron de tal intercambio y el dueño decidió despedirle.


Y aunque muchos dicen que la tercera es la vencida, camino a casa afuera de un teatro había un letrero que decía “Se busca bailarín para acto único y/o nuevas presentaciones de la obra teatral…”, no importaba lo demás, Santiago había encontrado la ocupación perfecta.


A la mañana siguiente se vistió con el mejor atuendo que llevaba en la pequeña maleta, salió del cuarto y caminó hacia el teatro de la noche anterior. Llegando preguntó por la vacante, una chica de ojos azules y sonrisa coqueta le explicó a donde tenía que pasar y cómo sería la prueba para seleccionar al próximo artista que se sumaría al equipo.


Unos minutos más tarde, después del casting, le anunció que había sido elegido como el nuevo integrante del equipo, no obstante, había una condición: vivir de manera permanente en la ciudad. Ahí comenzó la incertidumbre, aceptarlo teniendo un gran pago de por medio y el aplauso del público, o dejarlo para regresar con su familia.


El balance que había tenido sobre la punta de la canoa, tendría que ser el mismo ahora, al final sin pensarlo dos veces, aceptó, pero la condición fue dejarlo regresar a su pueblo y despedirse de su mujer e hijos.


Pasaron los meses, incluso años, su familia recibía parte de sus ganancias, logrando que sus hijos terminaran sus estudios y tuvieran una vida mejor, sin embargo, al pobre hombre la fama se le había acabado, ya no había más presentaciones ni más dinero.


Agobiado por lo que se podría avecinar, decidió regresar a casa con lo único que le quedaba. Caminó largas horas para llegar a su destino, ahí se encontró con una familia molesta por su regreso, sus hijos no lo querían más y a su esposa le era indiferente.


Pasaron los días y cada integrante de la familia comenzó a desaparecer de aquel pueblo y el hombrecillo se quedó solo.


La soledad se hacía presente cada vez más, la vida se le pasaba en la tristeza y melancolía, en la búsqueda de razones para comprender cómo terminó así, mientras volvía a la misma miseria de años atrás.


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