El pequeño Gabriel Fernández

Todo niño sueña con una familia amorosa, salir a pasear, reír, ver pelis los fines de semana, comer su platillo favorito, conocer a más niños y crecer para cumplir sus mayores metas. Sin embargo, Gabriel no fue tan afortunado, su propia familia le coartó todo derecho a ser libre y vivir su infancia.


Gabriel Fernández

Gabrielito, como era conocido, era un niño latino viviendo en Estados Unidos, su madre, Pearl Fernández, no lo quería y cuando nació lo dejó en el hospital hasta que los abuelos fueron a recogerlo, esto según familiares del pequeño.


Él era un niño dulce que buscaba amor de los suyos, en fotografías del tiempo que vivió con sus tíos y abuelos se mostraba aparentemente feliz y sano.


Sin embargo, todo dio un giro en 2012, cuando su madre decidió llevárselo a vivir con ella y su novio, el objetivo no era darle una familia, sino recibir las prestaciones sociales del estado.


En el departamento donde vivían, también estaban los dos hermanos de Gabriel: Ezequiel y Virginia, ambos más pequeños que él.


A partir de ahí todo cambiaría.


8 meses de terror

Una nueva escuela esperaba por Gabriel, tuvo como profesora a Jennifer García, la primera persona en detectar las alarmas de la violencia que el pequeño comenzaba a vivir.


“¿Es normal que las mamás golpeen a sus hijos?”, le cuestionó a la profesora. Intrigada y preocupada por ello, Jennifer le pidió más detalles, él preguntó de nuevo que si era normal ser golpeado con la hebilla metálica de un cinturón.


La profesora reportó la situación y Gabriel quedó en manos de Stefanie Rodríguez, una asistente social que, según sostienen personas de su entorno, tenía poca experiencia para un trabajo tan demandante como ese.


Ahí comenzaron las visitas, llamadas y revisiones a la familia, pero nunca existió un cambio, todo lo contrario, los abusos hacia el menor empeoraron, según relata la profesora.


Llegaba a clases sin algunos mechones de cabello, costras en el cuero cabelludo, labios hinchados, moretones en la cara o lesiones causadas por una pistola de aire comprimido.


Jennifer insistió en las denuncias a servicios sociales y algunos miembros de la familia, quienes preocupados también pidieron ayuda.


Autoridades visitaron reiteradas veces el departamento, incluso días antes de la muerte de Gabriel, pero le creyeron a la madre y no corroboraron que el estado del menor fuera el mejor.


Durante ocho meses ninguna acción de la autoridad derivó en una decisión concreta que pudiera salvarle la vida.


22 de mayo 2013

Una llamada a urgencias entró, era el padrastro de Gabriel, Isauro Aguirre, y la madre, pidieron ayuda porque el niño no respiraba.


Los paramédicos lo había encontrado desnudo y sin respirar, el cráneo fracturado, tres costillas rotas y perdigones incrustados en un pulmón e ingle.


Dos días después murió.


Aguirre y Fernández fueron arrestados y acusados de homicidio en primer grado con agravante de tortura. La fiscalía de Los Ángeles anunció que pediría pena de muerte para ellos.


Comenzaron las indagatorias del caso, empezando por el departamento de servicios infantiles que no atendió las denuncias, cuatro de los trabajadores fueron despedidos por la situación y llevados a juicio.


Paramédicos reafirmaron las condiciones en las que Gabriel se encontraba cuando acudieron al llamado; mientras que el forense aseguró que en la autopsia se pudo encontrar arenilla mezclada con heces de gato.


Los hermanos de Gabriel testificaron a puerta cerrada, por ser menores, confirmando que el niño era forzado a comer excrementos de gato si no limpiaba bien la batea. Añadieron que constantemente lo encerraban en un mueble que tenían en su habitación, no le daban de comer ni lo dejaban ir al baño, el padrastro lo golpeaba con rabia llamándole “gay”.


Aunque el abogado de Isauro buscó que se le acusara de homicidio en segundo grado, no lo logró, haciendo que el padrastro fuera sentenciado a muerte.


Luego de este veredicto -5 años después-, Pearl, madre de Gabriel, decidió declararse culpable, evitando la celebración de un juicio y la pena de fuerte. Sin embargo, fue sentenciada a cada perpetua sin posibilidad de libertad condicional.


Más sobre el caso…

Hasta el 2020 seguía en curso la investigación y los juicios contra los asistentes sociales, del padrastro ya no se supo nada y de la madre tampoco. Sin embargo, los siguientes materiales te pueden servir para conocer más a detalle.

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