El terrorífico crimen de la Dalia Negra

La última vez que la vieron con vida salía de un bar tenebroso en el Hotel Cecil de Los Ángeles, la investigación de un detective que acusó a su padre por el hecho: las pruebas y por qué el asesinato sigue impune después de 75 años.


Su historia

Elizabeth Short era su nombre, tenía 22 años y una belleza impactante, soñaba con llegar a Hollywood y convertirse en una gran actriz. Trabajaba como moza en bares y restaurantes de Los Ángeles, en Estados Unidos. Su fantasía era ser descubierta por alguien importante del mundo del espectáculo.


Nació en la ciudad de Boston, Massachusetts, el 29 de julio de 1924, su madre se llamaba Phoebe Mae Sawyer y su padre Cleo Short. La familia se completaba con cinco hermanas.


Para 1930, Elizabeth tenía 6 años cuando ocurrió el primer hecho que le marcó la vida: su padre simuló un suicidio. Dejó su auto bajo un puente y desapareció para siempre de sus vidas.


La pequeña Beth (como le llamaban en su casa) sufría de asma, pasaba los veranos en Medford y los inviernos en Florida, con unos amigos de su madre.


Al cumplir 19 años, Cleo Short reapareció de manera sorpresiva. Phoebe no pudo perdonar su mentira, pero Elizabeth, que soñaba con ser parte del cine, decidió mudarse con su padre a Vallejo, California. Después de convivir un tiempo, se trasladaron a Los Ángeles.


Elizabeth, sin embargo, no estaba demasiado contenta. Se sentía utilizada por su padre que le exigía limpiar, cocinar y ocuparse de la ropa; su ambición era más grande, luego de una discusión con su padre, decidió buscar trabajo, lo consiguió y se mudó.


En septiembre de 1943 fue detenida por la policía por beber alcohol siendo menor de edad. Le abrieron una ficha y la mandaron de vuelta a Medford, con su madre.

Beth seguía convencida de que alguien iba a descubrirla, sólo necesitaba un golpe de suerte. Mientras eso pasaba, vivía en hoteles baratos y pensiones de la ciudad de Los Ángeles, derrochando lo que ganaba como moza en maquillaje y ropa.


En eso estaba cuando se cruzó con su victimario.


“El Maniquí roto”

El 9 de enero de 1947, Elizabeth Short fue vista en el bar Hotel Cecil; a las diez de la noche cruzó el lobby y salió a la calle. Nadie volvió a verla.


Una mañana del 15 de enero de ese mismo año, mientras el invierno se hacía presente, Betty Bersinger caminaba junto a su pequeña hija por Leimert Park, un distrito al sur de Los Ángeles, cuando en un lote baldío de la Avenida Norton, entre las calles Coliseum y West 39th. creyó haberse encontrado un maniquí desarmado.


Pero no, no era una muñeca de plástico sacada de una vidriera, sino un cuerpo que había sido cortado por la mitad a la perfección, que no tenía una gota de sangre, que estaba dispuesto de una manera inusualmente macabra.


Sus ojos azul profundo miraba al cielo, una sonrisa herida marcaba su rostro. Estaba fría, sola y desamparada. Así, muerta, desnuda y horrendamente mutilada, se presentó al mundo, a uno que le había sido hostil.


Bersinger llamó a la policía, cuando levantaron el cuerpo, realizaron las investigaciones correspondientes y gracias a las huellas dactilares registradas por su detención, se identificó a la víctima. Era Elizabeth Short.

Las pericias forenses certificaron el horror que la joven había atravesado. El cuerpo había sido seccionado por la mitad, a la altura de la cintura, y le habían drenado prolijamente la sangre. Su rostro estaba cortado desde la comisura de los labios hasta las orejas.


Le habían arrancado el bazo, el corazón y los intestinos; tenía mutilado el pezón izquierdo y la panza cortada por encima de la entrepierna y en la vagina tenía un trozo de sí misma. Había sido asfixiada; tenía las piernas fracturadas por los golpes de un bate y las marcas -en muñecas y tobillos- revelaban que había sido maniatada y torturada en vida durante tres días.


El asesino había dejado pistas. La Policía halló una huella de zapato hundida en la tierra, marcas de neumáticos de un auto y una bolsa de cemento con restos de agua ensangrentada.


El crimen y la llamada sorpresa

Días antes del homicidio, se estrenaba la película La dalia azul”, protagonizada por Verónica Lake. El filme era sobre la desaparición y asesinato de una mujer joven. Las semejanzas con el caso de Elizabeth y el hecho de que ella eligiera siempre vestirse de negro, condujo a la prensa a bautizarla La Dalia Negra.


En su afán de buscar primicias, los medios de comunicación entorpecieron desde el comienzo la labor policial. Las autoridades tuvieron muchos problemas para tomar el control del caso que se frivolizó al punto de parecer un verdadero guión cinematográfico de terror.


Las historias que se contaban sobre Elizabeth se volvieron cada vez más extravagantes. Por más que los que la conocían repetían que ella no fumaba, que no tomaba, que no jugaba, que no era una prostituta, no les hacían caso. Los ribetes exagerados de una historia fantasiosa, eran más atractivos y hacían duplicar la venta de diarios.

Pero la fama del caso no fue inmediata, cosa que molestó mucho a su perverso autor. El 23 de enero de 1947, el asesino llamó al editor del diario Los Ángeles Examiner. Le dijo estar preocupado porque no estaban siguiendo bien la noticia. Y anunció que le enviaría algo.


Al día siguiente, llegó al periódico un paquete que contenía el certificado de nacimiento de la víctima, fotos, tarjetas, recortes de diarios con la muerte de Matthew Gordon y una agenda que llevaba en la tapa escrito un nombre: Mark Hansen.


El asesino había cumplido con lo anticipado.


Conformé pasó el tiempo, se iban agregando a la lista varios nombres que resultaban sospechosos en el caso, para ser exactos fueron 22 y ya se había asignado más de 250 policías a la investigación.


Incluso, hubo más de cincuenta confesiones de hombres y mujeres que pretendían atribuirse el crimen. Cada vez que los medios daban el caso en su portada, la policía recibía tanta información que no podía procesarla.


Hasta que, en 1999, ocurrió algo.


Steve Hodel, un detective de homicidios de la ciudad de Los Ángeles, estaba ordenando las pertenencias de su padre, George, que había fallecido poco antes.

Guardando unos álbumes fotográficos se topó con dos imágenes de una mujer desconocida para él. Era morocha, tenía ojos claros... La encontró muy parecida a aquella joven brutalmente asesinada y descuartizada que habían llamado La Dalia Negra.

¿Qué hacían esas fotos ahí? De repente, sin darse cuenta, empezó a recordar cosas y a atar cabos. ¿Y si esa mujer era la Dalia Negra? ¿Y si el asesino había sido su padre? Algunos aspectos de la vida de su progenitor George, no le cuadraban.


Decidió investigar de manera profesional y fue recolectando pruebas. Buscó las cartas de su padre y las comparó con la letra de las que había enviado el asesino de Elizabeth Short a la prensa.


La caligrafía era muy parecida. Envió todo al FBI y solicitó acceso a los archivos del caso. Las primeras conclusiones de los peritos de reconocimiento facial y de los grafólogos no fueron concluyentes. La familia de Short negó que fuera Elizabeth la mujer de las imágenes.


Steve, a pesar de eso, siguió adelante con su investigación privada y continuó hallando indicios significativos.


Por lo pronto, en la casa de George encontró un recibo de compra de aquella época por diez bolsas de cemento. Eran bolsas del mismo tamaño y marca que la encontrada en la escena del crimen con restos de sangre. A su juicio el asesino había trasladado el cuerpo en aquella bolsa.


También, su padre había tenido su consultorio a solo dos cuadras del Hotel Cecil, donde se había visto por última vez a Elizabeth Short. Convenientemente cerca. Y, lo más siniestro, es que George Hodel era médico cirujano y tenía todos los conocimientos necesarios para explicar lo sucedido con el cuerpo. Solo un experto médico habría sido capaz de dejar el cadáver en el estado en el que quedó.


Elizabeth había sido sometida a una hemicorporectomía, su cuerpo había sido seccionado por la mitad, a la altura de la espina lumbar, justo por la única parte en que puede ser cortada sin romper hueso. Esa cirugía era algo que se había empezado a estudiar durante la Segunda Guerra Mundial para amputaciones severas.


En esa casa solía haber fiestas sexuales con jóvenes aspirantes a ser actrices que querían mezclarse con la farándula de Los Ángeles. Según Steve, en el sótano de la casona en la que había vivido con sus hermanos, Elizabeth habría sido retenida contra su voluntad, torturada y mutilada.


Por último, estaba la macabra posición del cuerpo de la víctima que le recordaba, a Steve Hodel, el cuadro El minotauro, del autor surrealista Man Ray. Curiosamente, ese pintor había sido amigo cercano del doctor George Hodel. Steve veía en la puesta en escena del cuerpo una obra surrealista ejecutada por su propio padre: “El cuerpo de Elizabeth era el lienzo de mi padre; su bisturí el pincel”, aseveró.


Investigación a George

Steve se contactó con su medio hermana mayor, Tamar Hodel, para saber un poco más sobre su padre. Ella había denunciado a George por abuso sexual cuando tenía 14 años y había declarado que él la había hecho participar en orgías, pero no ocurrió nada y su padre fue exonerado.


Después de años sin estar en contacto, los hermanos se sentaron a conversar. Tamar le contó a Steve algo que resultó clave para su investigación: en aquel entonces, cuando ella estaba denunciando a su padre en las dependencias policiales, había escuchado a los policías decir que George había sido sospechoso en el caso de Elizabeth Short.


Steven pegó un salto. Sus teorías tenían fundamento. En el año 2001, se contactó con Steven Kay, un conocido que trabajaba en la oficina del fiscal de Los Ángeles, que le prestó atención y le prometió revisar todo el material que había obtenido. Seis semanas después de recibirlo, Kay respondió: “Gracias a un trabajo detectivesco fantástico llevado a cabo por su hijo Steve, el nombre del doctor George Hodel vivirá para siempre en la infamia”.


Steven estaba contento, lo había convencido con su pesquisa. Llamó a su hermana Tamar y le espetó: “Nuestro padre es un maníaco homicida”.


¿Un perfecto asesino?

Steve no cree que su padre haya asesinado solo a Elizabeth Short. Sospecha de muchos más crímenes. Entre ellos, los siguientes tres:


-Louise Springer, a quien se halló asesinada en junio de 1949, muy cerca de donde se había encontrado el cadáver de Short.


-La actriz Jean Elizabeth Spangler, desapareció en octubre de 1949 y nunca más fue encontrada. Se sabe que estaba embarazada de pocas semanas, que quería hacerse un aborto y que se había puesto en contacto con un médico. Su cartera fue hallada cerca de la casona de los Hodel.


-Jeanne French, era una actriz novata que fue asesinada, en febrero de 1947, cuatro semanas después que Elizabeth Short.


Investigación sin punto final

George ya había estado sospechado de otra muerte: la de su propia secretaria y amante Ruth Spaulding, que murió por una insólita sobredosis de drogas. Él había estado presente cuando ella murió e incluso quemó parte de sus pertenencias antes de llamar a la policía. Como siempre, George se salió con la suya.


En 1950, se mudó a Hawái donde se casó otra vez. En 1990, se separó y regresó a California para reincidir en el matrimonio. Esta última mujer vivió con él en la ciudad de San Francisco hasta su muerte, en 1999, a los 91 años.


George Hodel nunca fue alcanzado por la mano de la ley. La investigación de Steve podría poner un poco de luz al asunto, pero lo cierto es que no todos están convencidos de que Hodel sea el asesino.


Aun así, Steve no dejó jamás de investigar o de recibir pistas sobre las actividades de su padre. La última fue en 2018. Lo llamó la nieta de un informante del departamento de homicidios de Los Ángeles, Glenn Martin, fallecido hacía mucho. Había encontrado una carta, del 25 de octubre de 1949, donde su abuelo describía una serie de crímenes y mencionaba como culpable a G.H. Solo mencionaba al asesino por las iniciales. Martin la había escrito, para proteger a sus hijas adolescentes de las consecuencias que podía tener haber guardado secretos oscuros.


Escribió: “...creo que Choate con McCawley armaron esto para que G.H. no fuera identificado como el asesino de la Dalia Negra”. Steve reconoció los nombres: Joe Choate era un fiscal de la ciudad y Kenneth McCawley era un sargento de la época. Eran amigotes de G.H y habrían conspirado para dejar caer las posibles imputaciones.


El tétrico rompecabezas sigue armándose.


Los expertos en materia de policiales dicen que es el homicidio no resuelto más famoso de la historia de los Estados Unidos. A 75 años del crimen, el caso sigue siendo noticia, aunque el asesino, seguramente, ya esté muerto.


Elizabeth Short tenía un sueño que terminó en pesadilla.


A la pantalla grande post mortem

En 1981 se estrenó la película, basada en el caso, Confesiones Verdaderas, con Robert Duvall y Robert De Niro.


En el año 2006, el director Brian de Palma, filmó La Dalia Negra, que contó con un presupuesto de 50 millones de dólares y con la participación de las estrellas Scarlett Johansson e Hilary Swank.


La serie televisiva American Horror Story, que empezó a emitirse en 2011, puso en el aire un episodio con la historia de Elizabeth, quien fue encarnada por la actriz Mena Suvari.


También aparecieron videojuegos del tipo de Skullgirls, donde la Dalia Negra aparece como un personaje.


***


Este caso y el de Elisa Lam ha llevado a varios turistas a hospedarse en el famoso hotel cuando están de visita en Los Ángeles. Algunos testimonios hablan de experiencias extrañas, ruidos y sombras.


¿Será Beth rondando por el edificio?


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