Eutanasia y su resistencia

Todos le tememos a ciertas cosas, circunstancias o situaciones, incluso uno de los mayores miedos en la sociedad es morir, aunque muchos otros aclaman por descansar de todo aquello que les atormenta, buscando el suicidio asistido, una voluntad anticipada o como se le conoce: la eutanasia.

Eutanasia proviene de los vocablos griegos eu = bueno y thanatos = muerte, que literalmente significa «buena muerte».

Mientras que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las definiciones no son exactas y pueden variar de una persona a otra, pero tienen varios elementos en común. La mayoría de los comentaristas restringe su descripción a la eutanasia directa o 'activa', que se puede definir como "el acto deliberado de poner n a la vida, a petición propia o de algún familiar”.

La palabra suicidio se deriva del latín sui = sí mismo y caedere = matar.- Literalmente signica matarse por sí mismo.

El suicidio medicamente asistido se podría definir como “la ayuda que da un médico a un paciente, en respuesta a su solicitud, proporcionándole los medios para suicidarse y es el paciente quien realiza la acción al que causa la muerte”.

La voluntad anticipada es un concepto de índole más general que los dos anteriores y se puede entender como “el proceso mediante el cual una persona planifica los tratamientos y cuidados de salud que desea recibir o rechazar en el futuro, en particular para el momento en que no sea capaz por sí misma de tomar decisiones”.

Hablar del tema sin conocimiento de causa puede derivar en muchas conclusiones que no son las correctas, echando culpas a todos y sin ver el trasfondo de lo que realmente pasa, sobre todo para quien pide su muerte: el paciente.


México y el mundo.

En este país está prohibida la práctica de la eutanasia y del suicidio medicamente asistido, según lo estipulado en la Ley General de Salud en su artículo 161 Bis 21 que a la letra dice:

“Queda prohibida, la práctica de la eutanasia, entendida como homicidio por piedad, así como el suicidio asistido conforme lo señala el Código Penal Federal, bajo el amparo de esta ley”

Sin embargo, es necesario comenzar a debatir el tema sí o sí, sobre todo porque en los últimos años se ha incrementado el número de personas con enfermedades en etapa terminal, además de la exigencia que existe sobre el respeto a los derechos humanos, derecho a la salud, a los principios de la libertad y autonomía de los pacientes.

En cuanto a los demás países, en Europa se dio el primer paso a esta situación, iniciando con aprobación de leyes que regulan la práctica de la eutanasia y del suicidio medicamente asistido. El primero fue Holanda en 1985, le siguieron Bélgica, Luxemburgo y Suiza.

Para los 90, en EUA los estados de Oregon, Washington, Montana, Vermont y California ya había aprobado que se llevará a cabo dicha práctica. Le siguió el territorio norte de Austria en 1995 y en Colombia, único país en América Latina que mantiene dicha aprobación, para 1998.

Si observamos con detenimiento la tendencia en los últimos 30 años el mundo está hacia la aprobación de leyes que garantizan el respeto a la voluntad anticipada de los pacientes que se encuentran en fase terminal, ya sea por la eutanasia, el suicidio medicamente asistido o diferentes tipos de voluntad.

Pero… ¿podría legalizarse en nuestro país?

Los partidarios convencidos de la necesidad de esta práctica plantean que el argumento poderoso a favor de la eutanasia es permitir al paciente poner término a sufrimientos innecesarios y degradantes que no le permiten llevar una vida digna, sino de dolor y agonía, situación que atentaría contra el libre desarrollo de su personalidad y su dignidad como persona humana, evitando así ser sometido a un encarnizamiento terapéutico, ante los avances de la ciencia médica, y el deseo de los médicos de mantener con vida a un ser sin esperanza de recuperación.

Mientras que los argumentos en contra aseguran que el médico tiene como función la de salvar vidas, no destruirlas, “la legalización de la eutanasia podría traer como consecuencia que se llegaran a cometer actos criminales en pacientes que no han expresado su consentimiento o bien son incapaces de expresar su deseo de morir, como es el caso de los sujetos con deformidades, niños idiotas y personas seniles”.

Y aunque ambas partes tienen la razón, es justo por lo que se necesita un amplio debate acerca del por qué tiene que legalizarse, qué conlleva y por qué todo estaría respaldado por las leyes.

¿Qué nos falta? Informarnos del tema y ponerlo realmente sobre la mesa, además de conocer al menos los puntos más importantes como los siguientes:

  1. La eutanasia siempre es solicitada por el paciente. Si no, no es eutanasia. Afirmar que el triaje en los hospitales, comprobar los requisitos de ingreso en UCI para optimizar los recursos y evitar el encarnizamiento, es “una eutanasia en estado puro”, es una falacia y un disparate.

  2. No podemos solicitarla en nombre de un familiar. Aunque lo queramos hacer para evitar el sufrimiento, y aunque sea un planteamiento hecho desde el amor profundo, no tenemos derecho a decidir sobre las vidas ajenas. Es siempre el paciente quien debe pedir la ayuda para morir.

  3. No es lo mismo que el suicidio asistido. En la eutanasia, una médica o médico le inyecta a la persona que desea morir la medicación que le causa la muerte. En el suicidio asistido, esa persona ingiere por sí misma la medicación que le proporciona la profesional.

  4. Tampoco es eutanasia la renuncia al tratamiento, la sedación terminal o la supresión de medidas de soporte vital. Este tipo de prácticas no provocan la muerte, sólo permiten que la vida siga su curso. El derecho a aceptar o rechazar cualquier actuación sanitaria (consentimiento informado) es el principio fundamental de la relación médico-paciente.

  5. En general, no acorta la vida de las personas enfermas, sino que la prolonga. Disponer de esa salida de emergencia, por si acaso su sufrimiento se hace intolerable, les aporta una tranquilidad y una seguridad que les ayuda a soportar la enfermedad. Muchas personas, que disponen de la opción de una muerte voluntaria, no llegan a tomar la decisión y mueren de forma natural.

  6. En palabras de Ángel Hernández, que en 2019 arriesgó su libertad para ayudar a morir a su mujer, María José Carrasco, tras 30 años sufriendo esclerosis múltiple, “la eutanasia es un acto de amor”.

No tengo ninguna duda que el significado de ayudar y amor es completamente distinto para cada uno de nosotros, pero tampoco podemos prolongar una vida que la persona que está sufriendo no quiere.

Empatizar y aceptar lo significativo que puede ser una muerte digna, tranquila y poco dolorosa, es el mayor acto de amor hacia ellos.

Para hacer énfasis en el tema, puedes mirar este cortometraje titulado “El dilema de la eutanasia”.


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