Julia

Los ojos pesaban, el viento se colaba por una pequeña rendija de la ventana, calaba hasta los huesos y las manos buscaban calor cerca del pecho, el celular sobre la mesita de noche y al cabo de unos minutos, entraba en un sueño profundo, de esos que te dejan quieta, sin pensar en nada, sólo descansar.

Julia
Julia

02:35 am, el celular timbraba sin tener respuesta, la pantalla se encendía y se apagaba, una llamada perdida, dos, tres, cuatro, quizá hasta más y nada, ni una señal.

Por la mañana, la puerta de la habitación se abrió abruptamente, a lo lejos y entre gritos escuchaba como mi madre me llamaba, estaba apurada, desesperada, llorando quizá, no entendía mucho, yo seguía en mi sueño profundo, con ganas de no despertar hasta el mediodía; sentí como sus manos me sacudieron un par de veces y la mencionaban a ella.

–Se fue… –repitió unas tres veces y todo cambió, aún sin saber mucho de lo que pasaba, era probable que no iba bien– ¿Sabías algo? ¿Qué pasó? ¡¿Qué carajo sucedió?! –gritó mientras ahogaba un par de sollozos sobre sus manos–

Eran los últimos días del verano, mi mejor amiga y yo habíamos decidido emprender un viaje a la playa, no había un objetivo principal de escaparnos por unos días, simplemente por el placer de revolcarnos en las olas y beber todo el día.

Julia es la persona más increíble del mundo, siempre alegre, empática, sonriente, amable y altruista, podría jurar que con cada acción que hacía se convertiría en la nueva Madre Teresa de Calcuta, sin duda.

A ella le gusta que se disfrute al máximo cada cosa que se hace, siempre que me quiero retractar de hacer alguna locura su frase favorita aparece: “es mejor que quede en el recuerdo y no en el hubiera. ¡Vida sólo una, Constanza!” y escucharla me daba muchísimos años de vida.

Yo, Constanza, trataba de hacer todo con mucha precaución, no quería fallar a nada, no quería equivocarme ni un solo momento, ella es mi complemento, es esa persona que no te va a dejar sola nunca y que agradeces a la vida que sea así.

Hoy, después de las mini vacaciones iremos al faro cerca del muelle, me dijo que tenía algo que darme, espero no sea la noticia de que va a casarse con Santiago, porque juro que la mato.

Tomé las llaves del auto, salí de casa y pasé a la de ella, listas para ir hasta el lugar ya previsto. Me dio un cálido beso sobre la mejilla y un vaso con una margarita –sin alcohol–, un par de galletas que había hecho su madre y que aseguró, eran para mí.

En el camino cantamos las mejores canciones del momento, bueno no tan del momento, entre ellas la infaltable “The one that got away” de la preciosa Katy Perry, luego unas cuantas de Bruno Mars, Ed Sheeran y Halsey, haciendo que el camino fuera más corto.

Bajamos y caminamos hasta el faro, ahí me hizo una seña para que tomara asiento a su lado, me sonrió y miró fijamente hacia el horizonte, sin decir nada. Imité su acción, quizá necesitaba tiempo para decirme qué ocurría, apoyé mi mano sobre la suya y di un pequeño apretón.

–Sea lo que sea, no voy a juzgarte Juls, confías en mí, ¿cierto?

–Totalmente, Cons, totalmente. –asintió y recargó su cabeza sobre mi hombro.

Después de ello, el silencio –nada incómodo– se terminó, se separó y de su mochila sacó una caja color blanco, tenía atado un listón a lo largo y ancho de ésta, haciendo un moño en la parte de arriba, me sonrió y la dejó sobre mis piernas.

–Es para ti, pero no puedes abrirla ahora, ni mañana, ni pasado, yo te diré cuándo sea el momento. –asintió y se encogió en hombros–

Me parecía súper extraño, pero solo asentí, sabía que Julia no era de esas personas misteriosas, pero le di el beneficio de la duda, cumpliría tal cual me lo ha dicho. Yo jamás he roto una promesa con ella y esta no sería la excepción.

Luego de unos minutos charlando acerca de nuestro viaje y como Santiago estaba algo molesto por no avisarle, decidimos regresar, la invité a cenar porque hoy era día de panqueques y café, la especialidad de la casa.

Le contamos a todos como la pasamos en el lugar que estaba a unas horas de la ciudad y por qué se había convertido en uno de los viajes favoritos, sobre todo por las decenas de números telefónicos que había conseguido a raíz de mis pasos de baile.

Antes de que ella se marchara me hizo jurar que no abriría para nada la caja, no ahora, que no tenía que preocuparme porque todo estaba bien, sólo quería asegurarse de varias cosas para entonces yo saber qué había dentro.


Nos despedimos y de eso no se habló en los días siguientes.

Julia y Constanza
Julia y Constanza

–Días después–

Durante las dos semanas que pasaron decidimos hacer una cosa diferente cada día, algo que no habíamos hecho anteriormente o que nos causaba mucha intriga, la verdad es que todo ha sido muy divertido, tal cual es Julia.

El último día que marcaba el itinerario era jueves, me pidió que me vistiera lo más elegante posible, un vestido largo y un maquillaje exuberante, me causaba gracia porque cero era el estilo de ella, pero bueno, seguro habría una nueva aventura que contar a nuestros hijos en unos años. Cuando estuve lista mi padre me llevó hasta su casa, se veía solo, pero aun así baje, toqué el timbre un par de veces y esperé una respuesta.

La puerta se abrió lento pero no salió nadie, entré y me quedé boquiabierta cuando vi las luces encenderse, miles de globos, confeti y a Julia riendo mientras corría a abrazarme.

–¡Sorpresaaaa, feliz cumpleaños, Cons! –sonrió amplio y me abrazó muy fuerte. Lo curioso es que mi cumpleaños no era hoy, sino en unos días, le devolví la sonrisa y agradecí por el gesto, pero aun así era demasiado raro– Sé que te estás preguntando por qué hoy si no es el día, pero quise adelantarme y darte algo único, algo que nadie más había hecho a una semana de tu festejo, así que… ¡taraaaan!

–Estás locaaaaaa –grité mientras negaba ante tal encuentro. Le di varios besos sobre la mejilla y le agradecí al menos toda la noche–

En esa fiesta estaban sólo sus padres, los míos, su novio y otras dos chicas con las que solíamos reunirnos de vez en cuando para salir.

La fiesta comenzó sin interrupción alguna, Julia era la más feliz, yo también, pero sin duda ella gozaba absolutamente todo. Casi para la media noche y llegando al viernes, decidió decir unas palabras que me dejarían pensando.

“Espero que nuestra amistad perdure para siempre, que no importe que pase o a donde vaya, siempre y cuando seas mi Cons, que me recuerdes por lo bonito, que cada momento que hemos vivido juntas lo mantengas vivo con solo pensarlo o contarlo. Te extraño siempre, amiga, y sé que voy a hacerlo después.”

Quizá era porque ambas estábamos ebrias y no coordinábamos en lo absoluto las palabras, sonreía a cada cosa que decía y los demás también, en verdad era demasiado extraño, pero no le quise dar más vueltas, tal vez sólo era parte de mi alucinación.

Pasadas las 00:00 am, mis padres y yo nos fuimos a casa, me despedí de ella y me abrazo demasiado fuerte, hice lo mismo y no deje de repetirle que la quería demasiado, que agradecía todo esto y que más tarde la vería para nuestro picnic, ella sólo asintió y volvió al abrazo, un par de te quieros y luego me marché.

Entrando a casa me fui directo a la cama, me pesaban los ojos y lo que quería era descansar para estar fresca al siguiente día. Me preparé para dormir, revisé el reloj y era exactamente la 01:30 am, sonreí al ver la foto de Julia y yo sobre el buró y negué por lo que había hecho hoy, miré la caja que me había dado y sobre ella había una tarjeta, la tomé porque estaba segura no la había visto antes, era una sola frase: “Hoy es el día, pero por la mañana. –Juls”, qué raro, ¿cuándo dejó esto aquí?

No le tomé mucha importancia y me dormí profundamente.

...

–¿Sabías algo? ¿Qué pasó? ¡¿Qué carajo sucedió?! –gritó mientras ahogaba un par de sollozos sobre sus manos–

Me senté sobre la cama y negué sin entender qué era lo que mi madre decía, restregué mis manos sobre la cara, alcé ambas manos hacia ella esperando el contexto de la situación.

–¿De qué hablas? Yo no sabía nada, ni siquiera sé de qué me estás hablando.

–Julia se fue, se fue para siempre.

–¿Julia?

Negué sin entender aún, tomé mi celular y pude observar las más de diez llamadas perdidas de Santiago, mi corazón empezó a latir demasiado fuerte porque no tenían ni idea de qué estaba pasando. Ella no me dijo nada y si huyera de su casa estoy segura sería la primera en saber y guardar el secreto, pero no era así, juro que no.

–¿Se fue de casa? –pregunté tratando de hilar todo y mi madre negó constantemente, se levantó de mi lado y caminó hacia la puerta, volvía hacia donde estaba y sus manos estaban inquietas– ¿Qué pasa? ¿A dónde fue? ¿De dónde se fue?

–Está muerta. –dijo con voz entrecortada y todo se detuvo.

Muerta.

Muerta.

Muerta.

Julia estaba muerta.

No podía ser posible, Julia no, ella no.


Aún con la esperanza de que todo fuera un mal sueño, entré a donde estaba.

Flores por todos lados, personas por aquí y por allá, gente que nunca había estado con ella, que no sabía ni la mínima parte de lo que yo sabía, nadie había pasado los días más increíbles con Julia, sólo yo y no podía mantenerme de pie, no podía entenderlo.

Me acerqué para mirarle y ahí estaba, dormida, seria, por alguna razón parecía sonreír, no sabía porqué me dejó. Mi mano acarició el cristal que nos separaba, mis lágrimas comenzaron a salir, los sollozos fueron más fuertes y el nudo en la garganta ya no aguantaba a quedarse ahí.


Era real, ya no estaba, me dejó y para siempre.

A días de su partida, seguía sin entender porqué, la caja que me había dado seguía sin abrirse, no quería, aunque había prometido ver su contenido cuando ella me lo indicara y la tarjeta marcaba exactamente un día.

Habían sido los días más tristes, era el cumpleaños más infeliz del mundo, te juro que sí Julia.

Sin mucho ánimo de nada, tomé el “obsequio” y lo abrí, en su interior un par de pequeños sobres blancos, cerrados y sin instrucción de cómo debería abrirlos.

Respiré hondo y comencé a rasgar y leer uno por uno.

En cada palabra de aquellas hojas blancas se podía sentir un vacío, dolor y una falsa felicidad, esa que todos asegurábamos era natural en Julia todos los días.

Sí, estaba mal y nadie nos habíamos dado cuenta.

Yo que era su mejor amiga, jamás me di cuenta, supuse que todas sus acciones y felicidad eran genuinas, que no había dolor que le aquejara, ni problemas que le hicieran sentir que nadie estaba para ella.

Me sentía la peor, porque estoy segura que, si me hubiera dado cuenta antes, ella viviría, podría ser feliz verdaderamente.

“Cons, hoy no estaba bien. Te dije que todo marchaba excelente en casa, pero la verdad es que no.

El peso constante de ser la ‘mejor’ para el ejemplo de mis hermanos, es muy agobiante. Yo no quiero ser el punto de comparación de nadie, yo no quiero ser el ejemplo de nadie, porque no hay cosas buenas en mí, sólo es una constante farsa para la aceptación.

Otra vez me sentí mal, lloré toda la madrugada, no pude conciliar el sueño y tenía ganas de dejarlo todo. Creo que tengo algo más allá de tristeza, pero también me da miedo descubrir que sea así.

Sé que esto vas a leerlo en algunas semanas, quizá días, sigo pensando cómo será que acabará todo, porque para serte muy sincera, vivir no es la opción.

Probablemente tu respuesta sería: ‘no seas cabeza hueca, tenemos muchas cosas por hacer’.

Pero te juro que a veces ya no tengo ganas de absolutamente nada, sé que no llegaré muy lejos, he pensado en todo con cabeza fría y en un arranque de tristeza, pero la única conclusión es dejar de existir.

Quiero que sepas que no es culpa tuya, de nadie, la decisión que tome será por voluntad propia, interponiendo un montón de cosas, pero sobre todo mi paz.

No, el psicólogo no funciona, llevo tiempo con él, intenté con otros y otras, pero es lo mismo. Quizá es una condena, quizá es parte de mi proyecto de vida.

Siento mucho no llegar a viejitas y contarle a nuestros hijos cómo coincidimos en este mundo tan complicado. Prometo en la otra vida ser más valiente y no dejarte sola.

No estés triste, juraste recordarme por los buenos momentos y ese último viaje a la playa fue lo mejor que nos pudo pasar.

Te amo querida, Constanza.

Mi soulmate para siempre.”

Te juro que no, Julia, nada está bien, no hay manera de no sentirme culpable.

A veces creemos que las conductas positivas en una persona nos indica que todo está bien, la mayoría del tiempo pensamos que nada malo pasa en ellos o ellas, pero todo puede ser contraproducente.

La forma de ocultar su dolor es manteniendo a los demás felices, llenos, completos, plácidos, cuando a ellos se les derrumba el mundo.

Julia nos explicó paso a paso cómo sería su final.

Julia dio señales sutiles.

Nadie le puso atención a la mujer más sonriente, caritativa y buena hija que era.

A Julia la perdimos por muchas cosas, pero sobre todo por no leerla a fondo.

Juls nos llevaba a ser todo y ahora sólo nos dejó siendo nada…


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