La sociedad de la inmediatez


El acceso a las nuevas tecnologías ha facilitado consultas en línea, registros y empleos digitales, transferencias electrónicas, servicios a través de aplicaciones, también ha intervenido en el desarrollo de medicamentos más potentes, la rápida y artificial producción de alimentos, la construcción de vías de comunicación, computadoras con velocidad en sus procesos, cirugías menos invasivas y la cercanía digital.

Estos son solo algunos de los elementos que mayor demanda adquieren en la nueva sociedad de la inmediatez, que nació junto con la revolución digital y es una situación que día a día nos impone a adquirir todo con poco o nada de tiempo de espera, misma situación genera en automático trastornos de ansiedad y frustración.

La sociedad de la inmediatez se define como uno de los aspectos culturales dentro del marco de la modernidad tardía, como una consecuencia de la rapidez y satisfacción instantánea, esto lleva a su vez el crecimiento de fenómenos tecnológicos como la hiperconectividad tecnológica y el constante deseo de una gratificación momentánea.


Antecedentes

Hace ya más de 50 años, el trabajo manual era un componente mayoritario en casi todas las profesiones y oficios, desde el funcionamiento de las plantas de fabricación hasta la clasificación y el archivo de los documentos administrativos, estos procesos eran abundantes en mano de obra y por lo tanto se consumía una considerable cantidad de tiempo y esfuerzo.

A partir de los 70, el tiempo de espera y los esfuerzos requeridos se han ido disminuyendo gracias a la eficiencia de las máquinas y la tecnología que se han incorporado a muchos puestos de trabajo, esta disminución va de la mano también con el decremento de riesgos y accidentes.

De acuerdo con la ley de Moore la capacidad informática se ha duplicado cada dos años desde 1970. Esta capacidad ha sido dispuesta en casi todo el mundo, en forma de ordenadores de escritorio o portátiles, teléfonos, tabletas, televisores, automóviles, dispositivos de almacenamiento y otros artículos inteligentes. Esto da como resultado que la mayor parte de nuestras acciones cotidianas tienen resultados inmediatos.

Otro claro ejemplo, es la industria de los juguetes, especialmente los interactivos, en donde el niño se disponía a armarlos y desarmarlos, hoy día este tipo de juguetes vienen con procesos de armado o ensamblado más sencillos y cortos.

Si comparamos nuestra época actual con las últimas décadas del siglo 20, encontramos un rápido y fácil acceso a cualquier información en internet, podemos hablar a larga distancia en tiempo real, si conectamos una tarjeta de crédito a un dispositivo móvil, podemos pagar cuentas y adquirir productos y servicios.

Podemos hacer varias cosas a la vez, considerando un margen de espera de minutos a pocos días; hace más de 45 años estas acciones llevarían días completos de investigación y gestión, semanas de traslado y correspondencia y horas eternas en la ventanilla de un banco.


Consecuencias

En primer lugar, tenemos la gratificación instantánea, que se define como el deseo de experimentar placer o satisfacción sin demora ni tiempos de espera.

Esto lleva al ser humano a generar un sentimiento de rechazo y omisión hacia el esfuerzo y el trabajo dedicado y minucioso por obtener resultados en cuestión de segundos. Todo esto crea el desarrollo de la impaciencia social por el hecho de obtener lo que queremos en el momento exacto en que se solicita.

El impulso de nuevos mercados, la creación y comercialización de productos nuevos, así como su rápida sustitución son resultado de la primera consecuencia, debido a la psicología de los consumidores, que creen “necesitar” urgentemente lo más novedoso de la tecnología, como: el nuevo iPhone, o el nuevo portátil; la tensión y la ansiedad son una respuesta si no se consigue este tipo de realizaciones.

El hábito de estar constantemente conectados a un dispositivo móvil nos hace cada vez asiduos consumidores de la inmediatez; los medios de comunicación y las redes sociales nos ofrecen una posibilidad instantánea de compartir videos, fotos y cualquier tipo de actualizaciones de estado, se da respuesta en tiempo real a correos electrónicos, mensajes o cualquier tipo de notificación.

Esto quiere decir que como nuestros dispositivos son omnipresentes, nuestra conexión es constante y, por ende, se requiere muy poca paciencia, esto a su vez provoca que los resultados de un proyecto o el crecimiento de algún negocio o trabajo sean igual de inmediatos que la viralización de un video en YouTube.


Un poco de paciencia

Si bien es cierto, estamos frente a tiempos de cambios constantes, especialmente con la tecnología, que avanza a pasos agigantados, lo que nos da grandes ventajas como seres humanos, nos evita grandes esfuerzos y nos ahorra tiempo y hasta dinero.

Sin embargo, estos cambios también se acompañan de contras que a largo plazo pueden llegar a ser perjudiciales tanto en lo cotidiano como en la salud, la exigencia de resultados instantáneos no es 100% satisfactorio para el ser humano.

“Una gratificación instantánea genera una gratificación instantánea”, lo que significa que, si el público recibe una rápida satisfacción, pronto querrá esa misma satisfacción a cada lugar que vaya.

Por su parte la mercadotecnia, de la mano con el comercio y la industria, trabajan bajo presión y en conjunto para generar innovaciones a plazos cada vez más cortos, lo que dará después productos de material o mano de obra de baja calidad.

Si la empresa o fábrica llega a dar un paso en falso o falla en los tiempos de procesamiento y entrega, existe un inevitable riesgo de desaparecer.

La sociedad de la inmediatez es un fenómeno que se va extendiendo cada vez más, sin embargo, es importante que aprendamos a tener tiempos de espera y mucha paciencia, ya que la sobrepoblación ha provocado que las demandas de productos y servicios, así como de locaciones y ubicaciones aumenten.

Necesitamos ser empáticos, ser considerados con el tiempo de los demás también y que cada uno merecemos recibir esa misma paciencia.

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