Las muertas de Juárez

Han pasado más de 30 años de los cientos de feminicidios ocurridos en Ciudad de Juárez, Chihuahua, un estado al norte de México donde la justicia no pasó y en el olvido se quedaron decenas de mujeres que lo único que querían era VIVIR.


Los 90’s

Algo comenzó a ocurrir en Ciudad Juárez, las desapariciones y asesinatos de mujeres incrementaron considerablemente sin tener una explicación o una resolución por parte de autoridades.


Había muchas pistas, pero los expedientes parecían no existir.

La primera víctima de la que se habló fue Alma Chavira Farel, quien tenía 16 años y en enero de 1993 apareció estrangulada, con golpes en la cara y señales de haber sido violada. Su cuerpo lo encontraron en un lote baldío.


Conforme pasó el tiempo, comenzaron a aparecer cuerpos de mujeres en distintas zonas de ese municipio, todas tenían algo en común: haber sido violadas, tener entre 15 y 25 años, ser estudiantes o trabajar en las maquiladoras.


Olga Alicia Carrillo tenía 20 años cuando desapareció en agosto de 1995, Ana, su amiga, fue una de las últimas personas que la vio con vida, la había llevado a la sede del Partido Acción Nacional (PAN), pero no volvió a casa después de los pendientes que tenía por hacer. Semanas más tardes encontraron su cuerpo en un lote baldío y presentaba huellas de violencia.


También, en ese año apareció en un terreno abandonado Silvia Elena Rivera de 17 años, fue vista por última vez el 11 de julio de 1995 cuando se dirigía a la preparatoria donde estudiaba. Su cadáver fue encontrado el 2 de septiembre, con uno de los senos cercenados y el otro arrancado a mordidas.


Adriana Torres tenía 15 años, fue vista por última vez frente a una famosa zapatería de la avenida Vicente Guerrero y seis meses después encontraron su cuerpo cerca de una carretera al sur de la ciudad, presentaba las mismas características que Rivera.




Otra víctima fue Elizabeth Castro García de 17 años, quien fue asesinada en 1995 y de la misma manera que todas las chicas anteriores.


Para ese entonces se creía que todas esas muertes habían sido causadas por el mismo sujeto. Lo extraño, es que casi todas las chicas desaparecían en lugares concurridos sin que nadie se percatara de que estaban siendo secuestradas.


Para 1999 Nancy Villalba, de 14 años, fue asesinada por un chófer de transporte de personal de una maquiladora, las autoridades se valieron de eso para “resolver” siete asesinatos de mujeres ocurridos entre el 98 y 99.


Esto fue constante, una vez que aparecía algún nombre, se culpaba a ello.


Este episodio duró más de 10 años sin que las autoridades hicieran justicia o implementaran estrategias para proteger a las mujeres chihuahuenses. Llevando a que se cometieran poco más de 300 feminicidios.


¿Narcotráfico?

Ser mujer en la zona del corredor del narcotráfico (Colombia, Centroamérica y México) es vivir en peligro de muerte constante, asegura El País en 2013. Las mujeres se enfrentaban a la pobreza, la exclusión y al silencio obligado.


Ciudad Juárez comparte frontera con Estados Unidos, le llaman “la ciudad nocturna”, un lugar de “perdición”, la ciudad del narco, la corrupción y las drogas.


Una de las “teorías” más fuertes sobre estos hechos, es que las jóvenes eran secuestradas por el cartel que dominaba, en ese entonces, aquel estado, eran utilizadas para satisfacer sus “necesidades” o para pasar droga de un país a otro. Cuando ya no les “servían” eran asesinadas y tiradas.


El hecho no sonaba tan “descabellado” porque en México los grandes conflictos de sus Gobiernos con el narcotráfico eran constantes y al parecer las mujeres son instrumento de guerra dentro de la violencia que ejerce la delincuencia organizada.


Pero no solo eso, los gobiernos estaban coludidos, por lo que las investigaciones eran NULAS.


Investigaciones periodísticas y justicia

Diana Washington Valdez, periodista y escritora de “Cosecha de Mujeres”, cuenta en su libro que cuando comenzó a descubrirse lo que ocurría, ocurrieron varias amenazas hacia quienes querían dar a conocer la noticia.


En 2004, policías de ese estado mandaron un mensaje de advertencia a Valdez para que detuviera su investigación, pues curiosamente había policías involucrados en estos casos.


Esther Chávez Cano, contadora pública preocupada por los temas de género, comenzó a anotar en una libreta las muertes de mujeres que publicaban en las páginas de los periódicos locales de Juárez. Cansada de la situación, alzó la voz para denunciar que los casos eran más frecuentes y tenían en común un patrón de violencia hacia las mujeres.


La activista fallecida en 2009 fue la que visibilizó los FEMINICIDIOS de aquel municipio, mismos que indignaron al mundo y llegaron a instancias internacionales de derechos humanos.


Voces sin Eco se creó para buscar justicia por Sagrario, otra joven asesinada, ahí comenzaron a reunirse más familias de otras víctimas. Comenzaron a pintar en los postes cruces negras con un fondo rosa en memoria de cada joven o niña asesinada, convirtiéndose en un símbolo de justicia.


Este grupo fue constantemente atacado por el gobierno y se les dificultó seguir con la organización.


Asesino serial

Una vez que incrementaron los casos, se aseguró que había un asesino serial de mujeres: Abdel Latif Sharif, comenzó a tomar popularidad en la ciudad fronteriza.

Este hombre, nacido en Egipto el 19 de septiembre de 1947, químico de profesión y con un historial de agresiones sexuales a sus espaldas, llegó a México en 1994 para trabajar en la empresa Benchmark Research and Technology.


Antes de ello vivió en distintas partes de los Estados Unidos desde 1970 donde se desempeñó como un brillante químico en diversas empresas trasnacionales. Sin embargo, sus problemas jurídicos, relacionados con violación, acoso, violencia y asesinato, le llevaron a salir de los Estados Unidos y buscar una nueva vida en México.


La Procuraduría General de Justicia de Chihuahua (PGJCH) desesperada por la presión mediática, vio en este hombre el chivo expiatorio que necesitaba para presentar a un sospechoso, el asesino serial que supuestamente operaba en Juárez.


El pasado de Sharif se ajustaba a lo que ocurría en la ciudad fronteriza, fue detenido en 1995 aprovechando que una joven prostituta presentó cargos en su contra por supuesto secuestro y abuso sexual. A esa acusación se le sumarían las sospechas de haber asesinado a cerca de 20 mujeres.


El proceso contra este sujeto, que no hablaba español y que no tenía familiar alguno en México que pudiera apoyarlo, estuvo lleno de irregularidades. Al final fue sentenciado a 30 años de cárcel, pese a que los crímenes que se le achacaban nunca pudieron ser realmente esclarecidos.


Aún detenido, los crímenes contra mujeres en Juárez seguían sucediendo. La PGJCH acusó a Abdel Latif Sharif Sharif de pagar a la banda de Los Rebeldes para que cometiera los asesinatos con el fin de que fuera liberado (se habla de que supuestamente pagaba dos mil dólares por cada mujer muerta).


Lo cierto es que las piezas nunca encajaron del todo entre los antecedentes y la vida del egipcio y la investigación de los feminicidios, sumidos en gran parte en la corrupción, la mentira, la indiferencia y la ineficacia de un sistema judicial.


Tras la muerte de Abdel Latif Sharif los homicidios en Juárez continuaron.


Culto y rituales satánicos

José Francisco declaró ser uno de los asesinos de mujeres en Ciudad Juárez, junto con otros dos amigos mataron a 17, entre orgías, rituales y culto. El testimonio duró alrededor de 8 horas, no hubo ningún remordimiento en su rostro y detalló cómo lo hicieron. Algunos amigos y familia aseguran que Francisco está siendo amenazado para echarse la culpa.

Nunca se habló más sobre el tema.


Estigmatización y revictimización

Unas 150 mujeres fueron estigmatizadas por ser trabajadoras de bares, bailarinas o sexoservidoras y en menor proporción se registraron amas de casa, estudiantes, recién nacidas o niñas de hasta 9 años.


La mitad de las víctimas habrían sido asesinadas con arma de fuego, aunque en algunos casos también fueron estranguladas, acuchilladas, golpeadas, violadas, sepultadas y atadas.


En declaraciones del entonces procurador de justicia, Arturo González Rascón, le restaba importancia y culpabilizaba a las MUERTAS por lo que les sucedió:


“...es importante hacer notar que la conducta de algunas de las víctimas no concuerda con esos lineamientos del orden moral, toda vez que se ha desbordado una frecuencia de asistir a altas horas de la noche a centros de diversión, no aptos para su edad en algunos casos, así como la falta de atención y descuido por el núcleo familiar en que han convivido (…) Lo que pasa es que ahora estamos todos enfocados en Ciudad Juárez, y a lo mejor si pasa un asunto de estos en Chihuahua no se nota y si pasa en la ciudad de Torreón no se nota, o en Durango o en el estado de Sinaloa, donde de enero a ahorita ya llevan 96 homicidios y no se nota”.


Como si nada importara.


Más sobre el caso…


***

Los nombres que aparecen aquí sólo son algunas de las cientos de mujeres que salieron de casa y no volvieron de nuevo.


Hasta la fecha no hay reporte, expediente o investigación alguna que nos muestre con detalle lo que pasó en esa terrible época. Por lo contrario, siguen las agresiones, violaciones y asesinatos contra mujeres.


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