Miradas ocultas


Miradas ocultas.

El árbol de moras se mecía de un lado para el otro, no había viento para que éste se moviera de tal manera, la fuerza que tenía era como si alguien tomara una rama del lado izquierdo y otra del lado derecho, y jalara al mismo tiempo para tirar todos aquellos pequeños frutos.

Paraba después de que me asomaba completamente por el ventanal para observar mejor, esperaba que volviera a hacer lo mismo, pero nada, o quizá que sorpresivamente saliera la abuela de entre aquel árbol, pero era absurdo.

A las dos de la mañana todos dormían, excepto yo, no podía, estaba intrigada por saber quién se escondía tras ese moro.

Por fin era viernes, aunque había escuela, no dejaba de ser un maravilloso día, hoy habría un mini cine en el patio de la primaria, mi abuela me ha dado dinero para comprar palomitas y entrar a la primera función de la película.

Antes de dirigirnos a la escuela, Adrián, Laura y yo nos sentamos a la mesa y frente a nosotros se encontraba un plato enorme con el almuerzo, Tita nos preparó huevos a la mexicana, tortillas recién hechas y café, comenzamos a comer, teníamos poco tiempo para tomar camino a la escuela y llegar a tiempo.

Después de terminar nos despedimos de la abuela, tomamos las mochilas y antes de salir de casa le dije a mi abuela que quería hablar con ella hoy por la tarde, había algo que me incomodaba mucho desde hace algunos días, tal vez estaba alucinando, pero alguien tiene que sacarme de esta duda.

Salimos casi corriendo para llegar puntuales a la escuela. Nos faltaba una cuadra para llegar, el timbre ya estaba sonando, corrimos las pocas casas que nos quedaban y logramos entrar.

Cada uno entró a su salón, comenzaron las clases, la función no iniciaría hasta las 11:30 de la mañana,así que aún quedaba mucho tiempo, la maestra dio las indicaciones para una actividad.

Desde la ventana

A mí me gustaba sentarme del lado de las ventanas, me sentía menos sofocada que si permanecía en algún asiento del medio, pero justamente en ese momento comenzó una sensación de que alguien me miraba a lo lejos, levanté la cabeza y miré hacia el patio, pero no había nadie.

Decidí no prestarle demasiada atención, seguramente sólo eran cosas mías y lo que había pasado anoche me tenía alterada.

Por fin llegó la hora de comprar palomitas y entrar a la función, el mini cine ya estaba instalado en el patio, había una taquilla y una señora nos entregaba boletos para que nos los recogieran en la entrada.

Mis hermanos y yo entramos buscando nuestros asientos, los más cerca de la pantalla, cuando por fin había muchos espectadores las luces se apagaron, algunos gritaron y otros reímos, se encendió la pantalla y comenzó a proyectarse la película, tenía un nombre raro, pero trataba de la amistad entre un simio y un humano.

Todos estaban encantados con las imágenes que se proyectaban, pero yo no podía seguir concentrada, de nuevo la sensación de que alguien me miraba se hizo presente.

Giré mi cabeza hacia la cortinilla derecha donde sentía que alguien estaba, pero no logré ver a nadie, Adrián me pregunto si pasaba algo y sólo negué, no quería asustarlos con mis suposiciones.

Lo que restaba de la proyección no podía concentrarme, aún sentía que alguien estaba ahí mirándome, ¿por qué?, no lo sabía, pero me ponía los nervios de punta, y hasta que no averiguara que es, no puedo estarme quieta.

Terminando la película, regresamos a casa, era la una de la tarde y seguro Tita ya tendría la comida lista.

Laura y Adrián se despidieron de sus amigos y partimos por la avenida, jugábamos a patear piedritas, era la actividad favorita para acortar el camino.

Entramos a casa y saludamos a la abuela, le ayudé a terminar de preparar la comida y mientras la hacíamos decidí preguntarle acerca de lo que tanto me afligía.

–Abuela, ¿has visto algo extraño en casa?

–Algo extraño, ¿cómo qué?

–Pues sí, que se mueven las cosas sin que nadie lo haga, que las tiren o algo parecido

–No, Sofi, cómo vas tú a creer eso

–Bueno, lo he visto en películas y me intrigaba saber si puede pasar en la realidad

–Estás loca chiquilla, sólo a ti se te ocurren esas cosas

Negó y río a la vez, le seguí el juego y terminamos la comida, servimos en los platos y nos sentamos a la mesa.

Mientras comíamos la abuela nos interrogó acerca de la película, deje que Lau y Adrán hablaran de ello, yo no había puesto mucha atención, además estaba tratando de entender lo extraño que estaba siendo el ambiente en estos días.

Cayó la noche, antes de dormir la abuela nos tenía listo un vaso de leche y una rica conchita recién hecha, terminando fuimos a cepillarnos los dientes y luego a la cama.

Por suerte el sueño siempre llegaba a tiempo y no tenía idea de lo que pasaba en el transcurso de la noche hasta que se llegaba la madrugada. Siempre a la misma hora por alguna razón sospechosa me despertaba, todos dormían y yo me levantaba de la cama para ir a mirar por el ventanal que daba al patio trasero, ahí había un árbol de moras, pero también había algo extraño en ese lugar.

Lo que nunca entendía porque a la misma hora y por qué en la casa de la abuela y peor aún siempre me tocaba verlo a mí.

Me levanté despacio, con cuidado de no despertar a los demás y tampoco darle un susto a la abuela, caminé de puntillas y miraba fijamente hacia aquel lugar y entonces el árbol de moras se mecía de un lado para el otro, no había viento para que éste se moviera de tal manera, la fuerza que tenía era como si alguien tomara una rama del lado izquierdo y otra del lado derecho, y jalara al mismo tiempo como si quisiera tirar todos aquellos pequeños frutos.


Paraba después de que me asomaba completamente para observar mejor, esperaba que volviera a hacer lo mismo, pero nada, o quizá que sorpresivamente saliera la abuela de entre aquel árbol, pero era absurdo, a las dos de la mañana todos dormían, claro excepto yo, no podía, estaba intrigada por saber quién se escondía tras ese moro.

Sin embargo, nunca lo veía, pero sentía que me miraba, así como en la escuela mientras escribía, como en la función de la película, era la misma sensación de la persona que no conocía y que quizá seguiría sin conocer, pero que estaba segura me perseguiría hasta que dejara la casa de la abuela.





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