¿Qué pasó con el vuelo 571?

Mejor conocido como la tragedia de los Andes, el accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya se recuerda como un accidente desafortunado, pero… ¿qué pasó en realidad?


¿Por qué se volaba?

En Santiago, Chile se disputaría un partido de rugby entre el equipo Old Christians Club de Montevideo, Uruguay, y el equipo Old Boys Club de Chile.

Por lo que el presidente del club uruguayo, Daniel Juan, contrató un doble turbohélice de la Fuerza Aérea Uruguaya para volar junto con el equipo hasta Santiago.

La aeronave despegó del Aeropuerto Internacional de Carrasco el 12 de octubre de 1972.

Dentro del avión iban 40 pasajeros y 5 tripulantes. Entre ellos el coronel Julio César Ferradas como el piloto, quien tenía 5117 horas vuelos, iba acompañado de Dante Héctor Lagurara como copiloto.


El clima del día

Una tormenta sobre la cordillera de los Andes los obligó a detenerse una noche en la ciudad de Mendoza, Argentina. La ruta aérea de Mendoza a Santiago es directa, aproximadamente 200 kilómetros al oeste, pero las montañas altas requieren una altitud de 26 mil pies.

Debido a que el avión estaba completamente cargado, la ruta requería que el piloto calculara con cuidado y precisión el consumo de combustible para evitar las montañas.

Sin embargo, por el tipo de aeronave, la ruta más común era en forma de U, que era más larga (600 km) y de un tiempo de vuelo de 90 minutos.

El 13 de octubre las condiciones climáticas sobre los Andes no habían mejorado, pero se esperaban cambios para las primeras horas de la tarde.

Ferradas esperó y finalmente despegó a las 2:18 pm del viernes 13 de octubre desde la ciudad de Mendoza. Voló hacia el sur y avisó al aeropuerto de Malargüe su posición, indicando que llegaría a una altura de 2515 metros del Paso Planchón alrededor de las 3:21 pm.

El Paso Planchón es el punto de traspaso de control de tráfico aéreo de un lado de los Andes al otro, con controladores en Mendoza que transfieren las funciones de seguimiento de vuelos al control de tráfico aéreo de Pudahuel en Santiago, Chile.


El accidente

Una vez que el avión cruzara las montañas de Chile, al sur de Curicó, se suponía que la aeronave giraría hacia el norte e iniciaría el descenso hacia el Aeropuerto de Pudahuel en Santiago.

Ferradas había volado a través de los Andes 29 veces anteriormente, durante este vuelo también estaba entrenando al copiloto Laurara.

Mientras volaban sobre los Andes, las nubes hacían sombra sobre las montañas, por lo que volaban en condiciones meteorológicas instrumentales y no pudieron confirmar visualmente su ubicación.

El piloto confiaba en la navegación por radio, y este instrumento le mostró una lectura digital de la distancia a la siguiente radiobaliza en Curicó.

Pero este estaba todavía a 70 km del paso de Planchón.

A las 3:21 pm, poco después de transitar el paso, Lagurara se comunicó con Santiago y notificó a los controladores aéreos que esperaban llegar a Curicó un minuto después.

La distancia desde el paso a Curicó tomaba aproximadamente 11 minutos de vuelo, solo habían pasado tres minutos cuando Ferrada dio aviso de estar en Curicó y estaban girando hacia el norte.

Solicitaron el permiso para descender. En la torre de control, el operador sin saber que el avión aún seguía sobre los Andes autorizó a descender a 3500 metros.

Comenzaron a sentir turbulencias severas que los hicieron subir y bajar, los jugadores de rugby a bordo bromearon sobre la turbulencia en un principio, pero se dieron cuenta muy rápido que el avión estaba muy cerca de la montaña.

Ferrada intentó volver a subir hasta que el avión estuvo casi en posición vertical, este se detuvo y comenzó a temblar, lo que ocasionó que la alarma de colisión de la nave comenzara a sonar.

En un intento por ganar altitud, Ferrada aplicó la máxima potencia, sin embargo, el avión chocó con la montaña dos o tres veces, según los testigos.

La primera fue alrededor de las 3:34 pm cuando la parte inferior del cono de cola pudo haber golpeado la cresta, la segunda colisión cortó el ala derecha y por la fuerza esta arrancó el estabilizador vertical y parte de la cola.

Cuando el cono se separó de la cola se llevó parte del fuselaje, incluidas dos filas de asientos en la sección trasera de la cabina, la cocina, la bodega de equipaje, estabilizador vertical y los horizontales, dejando un agujero en la parte trasera del avión.

Tres pasajeros, el navegante y el auxiliar de vuelo fueron arrojados junto con la sección de cola al vacío, los cinco fallecieron.

El avión continuó hacia adelante y hacia arriba durante 200 metros ocasionando que el ala izquierda chocara con un afloramiento. Una de las hélices atravesó el fuselaje cuando se cortó el ala.

Dos pasajeros más cayeron por la parte trasera abierta del fuselaje.

Finalmente, el avión impactó contra un banco de nieve que aplastó la cabina del piloto, matando de manera instantánea a Ferradas.


Sobrevivientes (Porque increíblemente los hubo)

De los 45 pasajeros a bordo del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, tres pasajeros y dos tripulantes fallecieron al romperse la cola:

  • Teniente Ramón Saúl Martínez

  • Auxiliar de vuelo, Orvido Ramírez

  • Gastón Costemalle

  • Alejo Hounié

  • Guido Magri

Segundos después en el siguiente impacto, Daniel Shaw y Carlos Valeta cayeron del fuselaje trasero, este último sobrevivió a la caída, pero lamentablemente tropezó en el glaciar cubierto de nieve profunda y se asfixió. Su cuerpo fue encontrado el 14 de diciembre.

Cuatro más fallecieron al impactar el fuselaje con el banco de nieve, esto arrancó los asientos restantes de sus anclas y los arrojó a la parte delantera del avión, se trataba del doctor del equipo Francisco Nicola y su esposa Esther Nicola, Eugenia Parrado y Fernando Vázquez.

Ferrada falleció instantáneamente, Lagurara el copiloto resultó gravemente herido y atrapado en la cabina aplastada, pidió a uno de los pasajeros que le disparara con su arma, pero este se negó.

33 pasajeros permanecieron con vida, algunos gravemente heridos, con fracturas en las piernas.

Roberto Canessa y Gustavo Zerbino, estudiantes de medicina actuaron rápidamente y evaluaron la gravedad de las heridas de las personas sobrevivientes, decidiendo a quiénes podían ayudar.

Nando Parrado tuvo una fractura de cráneo y permaneció en coma durante tres días. Enrique Platero tenía un trozo de metal clavado en su abdomen que al ser removido trajo consigo unos centímetros de intestino, pero inmediatamente comenzó a ayudar a otros.

Las dos piernas de Arturo Nogueira estaban rotas en varios lugares. Ninguno de los pasajeros con fracturas compuestas sobrevivió.


Búsqueda y rescate

Aproximadamente una hora después del accidente, el Servicio de Búsqueda y Rescate Aéreo de Chile (SARS) fue notificado sobre la desaparición del vuelo.

El Grupo de Rescate de los Andes de Chile comenzó a revisar la transmisión de radio y a hacer búsquedas aéreas de los restos del avión, pero no lograron encontrar nada.

Los esfuerzos de búsqueda se cancelaron después de ocho días. El 21 de octubre, después de buscar un total de 142 horas y 30 minutos, los buscadores concluyeron que no había esperanzas y terminaron la búsqueda. Esperaban encontrar los cuerpos en el verano cuando la nieve se derritiera.


Supervivencia

“Hola chicos, ¡hay buenas noticias! Lo acabamos de escuchar en la radio. Han cancelado la búsqueda, dijo Parrado. ¿Por qué diablos son esas buenas noticias? Le respondieron. Porque eso significa que vamos a salir de aquí por nuestra cuenta” Este es un fragmento del libro sobre el hecho que escribió Piers Paul Read, llamado “¡Viven!”

Durante la primera noche murieron cinco personas más. Sin pensarlo mucho los supervivientes quitaron los asientos rotos y otros escombros para hacerse con un refugio.

Utilizaron equipaje, asientos y nieve a modo de Iglú, para cerrar el avión y protegerse del frío, improvisaron lentes de sol con los parasoles de la cabina del piloto para evitar la ceguera de la nieve.

Las 27 personas enfrentaron graves dificultades para sobrevivir las noches en las que las temperaturas bajaron a -30 ° C. Tenían muy poca comida: ocho barras de chocolate, una lata de mejillones, tres tarros pequeños de mermelada, una lata de almendras, unos dátiles, caramelos, ciruelas secas y varias botellas de vino.

Eventualmente se acabó la comida y luego de una difícil batalla moral, decidieron comer la carne de sus compañeros fallecidos.

El grupo se enfrentó a una avalancha que mató a otras 8 personas, posteriormente un pequeño grupo de los supervivientes restantes realizaron expediciones alrededor de los restos del avión para intentar conseguir ayuda, sin éxito.


El rescate

Finalmente, después de mucho esfuerzo y una expedición potencialmente mortal, lograron contactar con tres personas al otro lado de un río, lanzándoles una nota que decía:

Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace 10 días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?

Milagrosamente el 22 de diciembre de 1972, 70 días desde el accidente, dos helicópteros con personal de búsqueda y rescate llegaron a los supervivientes.

El terreno empinado solo permitió al piloto aterrizar con un solo patinazo. Debido a los límites de altura y peso, los dos helicópteros pudieron llevar solo la mitad de los sobrevivientes. Cuatro miembros del equipo de búsqueda y rescate se ofrecieron como voluntarios para quedarse con los siete sobrevivientes que quedaban en la montaña.

Los supervivientes durmieron una última noche en el fuselaje con el grupo de búsqueda y rescate. El segundo vuelo de helicópteros llegó a la mañana siguiente al amanecer. Llevaron a los supervivientes restantes a hospitales de Santiago para su evaluación. Fueron tratados por una variedad de condiciones, incluyendo mal de montaña, deshidratación, congelamiento, huesos rotos, escorbuto y malnutrición.

De los 45 a bordo del avión, solo sobrevivieron al accidente 16 personas.


Más información

Conforme pasaron los años, los sobrevivientes escribieron libros y aparecieron en películas y programas de televisión sobre el accidente.

  • Libro “¡Viven!”, fue escrito por Piers Paul basado en una entrevista a los sobrevivientes y sus familias. Fue un éxito crítico y sigue siendo una obra de no ficción muy popular.

  • Libro “Milagro en los Andes” escrito por Nando Parrado, también recibió críticas positivas.

  • Película “Supervivientes de los Andes” del año 1976 dirigida por René Cardona Jr.

  • Documental “Alive: 20 years later” del año 1993 del director Jill Fullerton-Smith

Documental “I Am Alive: Surviving the Andes Plane Crash” del año 2010 es un documental dirigido por Brad Osborne que se emitió por primera vez en History Channel.

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