Suicidio: la otra cara

Un tema más a la lista de la incomodidad, algo de lo que nadie quiere hablar para evitarlo, pero si opinar después de consumarse.

El suicidio hace referencia al acto de quitarse deliberadamente la propia vida; el comportamiento suicida es cualquier acción que pudiera llevar a una persona a morir, como tomar una sobredosis de medicamentos o estrellar un automóvil a propósito.

Las causas que llevan a pensar en ello son distintas en todos los casos, como depresión, consumo de drogas o alcohol, esquizofrenia, problemas emocionales o financieros, bullying, entre otros.

Actualmente en nuestro país día a día suceden decenas de suicidios, algunos sólo se quedan en intentos.

Hace días mientras navegaba por Facebook, me encontré con una nota sobre este tema, pero en Durango, en menos de 24 horas se había reportado el fallecimiento de cuatro personas, entre ellas una menor de 13 años. Y aunque a todos nos preocupa, a esa edad pensar en no seguir en este mundo a muchos los pone en alerta.

Vagando por los comentarios de la publicación, muchas personas se preguntaban por qué está pasando esto y las respuestas eran variadas, entre ellas una llamó mi atención: no lo veo tan mal, es parte de una muerte digna y la valentía.


Después me quedé pensando si realmente realizar este acto era algo “valiente” e inmediatamente recibí varias opiniones que dejaré a continuación:



Para ello pedí a tres personas me hablaran del tema desde el intento, lo cercano y lo profesional.


Monse Chávez, colaboradora.

¿Es el suicidio un acto de valentía o cobardía? Nada de eso, de hecho.

Hace dos años me diagnosticaron con ansiedad y depresión, fui medicada debido a la gravedad de mis pensamientos, pues era paciente con riesgo a cometer suicidio. Lo que diré a continuación lo hago desde mi perspectiva, con mucho respeto y empatía, no soy profesionista en salud mental, pero lo viví durante más de un año.

Como paciente en recuperación, nunca catalogué (incluso ahora) el suicidio como un acto moral; es decir que nunca pensé en si era bueno o malo, yo lo considero un acto como último recurso y con esto no estoy motivando a que se haga.

Pero tampoco podemos negar que existe y pasa. Lo explico así: imagínate un dolor insoportable, que no se puede eliminar con medicina o rehabilitación, ahora imagina que no tiene lugar físico, no lo sientes en alguna parte de tu cuerpo, pero te duele.

Te duele cuando te vas a dormir, cuando te despiertas, cuando caminas, cuando trabajas; se siente como una punzada en el pecho. Has intentado terapia psicológica y psiquiátrica, intentado con medicamentos, incluso intentado con cambios de estilo de vida, pero no para.

No quieres dejar de vivir, pero tampoco quieres vivir con tanta angustia. Entonces “eliges” morir. Y una elección voluntaria no es, porque entre morir en vida o morir realmente ¿qué opciones tienes? El suicidio es un acto provocado por un cúmulo de eventos infortunados.

Necesitamos empatía y no jueces. Necesitamos dejar de escuchar frases como “opto por la salida fácil” y escuchar “no sé exactamente por lo que pasó, pero ayudaré a otros”, necesitamos romper el estigma y ayudar a sanar a otros.

***

Y es cierto, ¿por qué habríamos de juzgar el por qué o si es o no correcto? Es muy desgastante leer a quienes sólo hablan sin tener un contexto, haciendo comentarios despectivos, dolorosos y sin fundamento alguno. Incluso dañando a la familia de la persona.

¿Por qué hablamos sin saber? ¿Por qué nos metemos en la vida de quienes no conocemos?

***

Martha O. De los Ríos, colaboradora.

No recuerdo con exactitud la primera vez que pensé en ello, tengo la creencia que desde que cursaba los primeros años de primaria, pensamientos en los que sería mejor no existir aterrizaron y desde entonces no se han ido del todo.

Creo que, para mí, es imprescindible tenerlos y aceptarlos conmigo, es como la sensación después de vomitar, o al vaciar tu esfínter después de casi reventar, o al saciar la sed después de una caminata larga.

Esa sensación de alivio, necesito sentirla y abrazarla cada vez que lo necesito.

No es pensar en una “salida fácil” como suelen decir, es saber que tienes la opción de renunciar a lo mundano cuando estás al límite, cuando se han agotado los recursos, porque se agotan.

Hace un par de semanas, un amigo se suicidó. Tenía tiempo que se sentía ajeno a esto, al diario y al palidecer, además de un diagnóstico mental, decidió ponerle fin. Siempre trato de imaginar la última escena, el momento previo al acto. Las expresiones, el latir del corazón y el silencio que acompaña el fin.

El suicidio me ha suspirado de frente, tantas veces como he visto el atardecer en casa de mi abuela. Gente a mi alrededor ha cometido suicidio.

¿No es necesario ponerle fin a lo que nos ahoga? Recordemos que, sólo el indio sabe lo que carga en el morral.

***

Desde el punto psicológico podría decirse mucho, ¿pero realmente qué debemos hacer?

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Daniela Payns, psicóloga.

“Del suicidio podemos decir que transgrede un orden: llámese de Dios, de la naturaleza biológica, que tiene su propio ciclo, de las leyes dictadas por el hombre, de los lazos afectivos, que quedan muy lastimados. El hombre siempre ha tenido el poder de decidir su propia muerte, sin embargo, casi nunca se ha considerado que le haya correspondido el derecho de hacerlo; de ahí surge la idea de transgresión” (Salman, R. 2011).

¿Qué entendemos por suicidio? Este, a lo largo de su existencia, que es tan vieja como la existencia del ser humano mismo (recordemos la anécdota de Sócrates, quien, tras haber sido acusado por corromper a la juventud, elige la muerte, estando dispuesto a morir por la vida que predico, y no otra) ha intentado ser definido por muchos.

Al hablar de suicidio, para profundizar en su entendimiento, no podemos dejar de lado, como ya se mencionó, su existencia ancestral, así como significado que se le ha dado en cada época y cultura, por mencionar otro ejemplo, fue en el Renacimiento, donde, aunque persistían los castigos al suicida, gracias al pensamiento filosófico, en esta época se dieron las consideraciones acerca del suicidio, comenzando a verle como un medio a través del cual se busca dar fin al dolor y sufrimiento.

La Organización Mundial de la Salud lo define como la acción de quitarse la vida de forma voluntaria y premeditada. Asimismo, la concepción también ha evolucionado.

Actualmente se le entiende como un trastorno multidimensional, el cual resulta de una compleja interacción de factores biológicos, genéticos, psicológicos, sociológicos y ambientales.

Este entendimiento moderno del suicidio nos permite saber que, las razones por las cuales una persona decide quitarse la vida son infinitas. Caeríamos en un terrible error al adjudicar a solo una dimensión de la vida la causa del suicidio. Es tan vasto y complicado, como la misma existencia y experiencia personal.

Rodríguez (S/F), en su proyecto de investigación sobre el suicidio, toma en cuenta los motivos que producen el suicidio, y genera una clasificación, por mencionar algunas, tenemos el suicidio altruista, donde el sujeto se somete en tal grado a las leyes, reglas o creencias donde cree que es su deber. O bien, el suicidio altruista facultativo donde el individuo siente que su propósito en la vida o ante la sociedad ya ha sido cumplido, por lo que decide quitarse la vida.

Personalmente, esta clasificación me resulta sumamente interesante, puesto que nos da la idea de que el proceso por el cual pasa una persona quien ha tomado la determinación de terminar con su vida, es sumamente íntimo y personal, cargado de una cosmovisión que, difícilmente alguien ajeno a esa persona podrá entender.

Es fácil, desde la lejanía y lo ajeno, juzgar, etiquetar.

¿Es una decisión de valentía? ¿o mera cobardía?

Ni uno, ni otro. Dejemos estas etiquetas de lado, dejemos el amarillismo al hablar de estos temas. Unas de las realidades acerca del suicidio es que, en el momento en el que se toma la decisión de quitarse la vida, el individuo no ve otra salida de su dolor, y piensa que es la única alterativa para terminar con la agonía.

¿Qué podemos hacer? Dejar de juzgar, escuchar, entender y, sobre todo, acompañar. El suicidio no siempre es predecible, pero si prevenible.

***

En la sociedad jugamos a ser jueces de vidas ajenas, sin enfocarnos en la propia y poniéndole nombre, sustantivo y calificativo a lo que engloba esta situación. Y aunque es preciso subrayar que los suicidios son prevenibles y entre más medidas de prevención se adopten, muchas veces ni la mayor ayuda hará cambiar de opinión a quienes ya no le encuentren sentido a seguir.

Suicidarse no es un acto de valentía ni de cobardía, va más allá de lo que muchos pudiéramos pensar y explicar.

Leer a quienes han colaborado en esta opinión, puede darnos pauta a verlo desde la otra cara, de esa que pocos pueden atreverse a hablar y que los demás sólo opinan.

Por cierto, ¿estás bien? ¿Podemos ayudarte en algo?

Es tu espacio.



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